El primer discurso con estatuilla es inolvidable. No me atreví a empezar a dar las gracias, porque no iba a terminar nunca. Empezando por supuesto por la familia, por los amigos de siempre, por los nuevos amigos, por todos y cada uno de los brazos que nos han empujado hacia adelante. Por todos los que nos han apoyado, que son… bueno… que sois muchos. Tres mil millones de gracias, en serio.