El otro día recordé un momento curioso de mi vida, una sensación que tuve sólo una vez, durante unos minutos a la edad de siete u ocho años. 
Caminaba con mi madre y mi hermana por la calle, cerca del piso de mi abuela Eva. En una de las aceras había uno de esos paneles metálicos donde se ponía publicidad y se protegía la esquina separando contundentemente coche y peatón. Recuerdo que me agarré a él haciéndolo formar parte de mi juego imaginario, de la historia que protagonizaba y sólo existía en mi cabeza. De repente, desprendí aquel pesado panel de su base y fui consciente de que tenía un súperpoder.
Evidentemente aquello ya estaba roto, supongo que uno de los coches que cruzó aquella esquina calculó mal la noche anterior… pero aquellos minutos que pasaron desde que me ocurrió aquello hasta que probé mi supuesta súper-fuerza sin éxito con alguna farola cercana, pudieron ser los más felices de toda mi niñez.
Con ésto no quiero decir nada… pero según mis amigos Sarah y Greg, todos tenemos un súperpoder… No una fuerza sobrehumana, ni la velocidad de la luz, ni volar… cosas pequeñas como una lengua totalmente inmune al calor, la capacidad de dormir justo las horas que uno se propone sin necesitar el despertador o una extraña resistencia al picante extremo. 
Yo sigo buscando mi súperpoder, aún no he llegado al momento de saltar desde una azotea o intentar caminar sobre el agua… pero si sigo descartando…

Bueno, de paso os recomiendo una serie, Misfits. No quiero decir de que va, solo que veáis dos capítulos y me contéis qué tal. 

El otro día recordé un momento curioso de mi vida, una sensación que tuve sólo una vez, durante unos minutos a la edad de siete u ocho años. 

Caminaba con mi madre y mi hermana por la calle, cerca del piso de mi abuela Eva. En una de las aceras había uno de esos paneles metálicos donde se ponía publicidad y se protegía la esquina separando contundentemente coche y peatón. Recuerdo que me agarré a él haciéndolo formar parte de mi juego imaginario, de la historia que protagonizaba y sólo existía en mi cabeza. De repente, desprendí aquel pesado panel de su base y fui consciente de que tenía un súperpoder.

Evidentemente aquello ya estaba roto, supongo que uno de los coches que cruzó aquella esquina calculó mal la noche anterior… pero aquellos minutos que pasaron desde que me ocurrió aquello hasta que probé mi supuesta súper-fuerza sin éxito con alguna farola cercana, pudieron ser los más felices de toda mi niñez.

Con ésto no quiero decir nada… pero según mis amigos Sarah y Greg, todos tenemos un súperpoder… No una fuerza sobrehumana, ni la velocidad de la luz, ni volar… cosas pequeñas como una lengua totalmente inmune al calor, la capacidad de dormir justo las horas que uno se propone sin necesitar el despertador o una extraña resistencia al picante extremo. 

Yo sigo buscando mi súperpoder, aún no he llegado al momento de saltar desde una azotea o intentar caminar sobre el agua… pero si sigo descartando…

Bueno, de paso os recomiendo una serie, Misfits. No quiero decir de que va, solo que veáis dos capítulos y me contéis qué tal. 

  1. chandal-jensen reblogged this from sainzdeces
  2. sainzdeces posted this
Blog comments powered by Disqus